Salah Hassan nació en Babilonia, Irak en 1960. Poeta, dramaturgo, periodista y crítico literario.
Se graduó como dramaturgo en la Academia de Bellas Artes de Bagdad en 1986. Ejerció el periodismo como crítico de poesía, teatro y literatura en diarios y revistas de Irak, Jordania y Siria desde 1980 hasta 1992. De 1987 a 1989 publica “Kuku y Tutu en la escuela”, “Soy tu amigo” y “Gamael (parques llenos de flores y aves)”, tres poemarios para niños. Trabajó como profesor de teatro en la educación de secundaria en Bagdad.Recibe el Premio de Poesía de Irak en1992. En los años 1992 y 1993 presenta su obra para niños “La semana y sus ocho días” en Amman, Jordania. En1996 publica en Líbano su poema largo “La omisión y la oscuridad del pensamiento” ganador del Premio de Poesía Dunya, de Holanda. En 1997 participa en el Festival Internacional de Poesía de Rótterdam, Holanda. Ese mismo año publica “Un Rebelde con la brújula rota”, el cual obtiene también el Premio Dunya de Poesía en 1998.
En 1999 presenta su Monólogo dramático “Ilusiones” en La Haya, Leiden, Ámsterdam, Utrecht, Berlín, Moscú, Bahrein y Siria. En el 2000 presenta su obra “Amor en Uruk” por diez días en el Museo Museon de Irak.
En el 2001 presenta su obra teatral “El Golpe” en La Haya y en Libia. En el2002 es editada su obra “Durmiendo en lengua extranjera” por Bornmeer publishers, quienes en el 2005 también le publican “Una vieja canción sobre los Médanos”. Varios de sus poemas han sido traducidos al holandés, inglés, francés, español y al farsi. En el 2007 publicó los poemarios”Mi cuerpo es mi tierra”, “Canción de Babilonia” y “Regreso a Bagdad”
Debió abandonar su país en 1992 por motivos políticos. En 1995 obtuvo el asilo político del gobierno holandés. En la actualidad, reside en Holanda, país que le otorgó su ciudadanía.
VIDA BOMBA
a los mártires de Babilonia e Irak
Con la sangre empiezo
y con ella finalizo cada día.
Cada mañana me bajo
al almacén de las chatarras,
quito mi cabeza y la vacío de las astillas
de las bombas de ayer.
Luego, lavo la sangre seca
de mi imaginación.
Tengo la sensación de que todo esta minado.
Pulso el teclado del ordenador
y me escondo rápidamente tras la pared
antes de que explote.
No puedo encender un cigarrillo
sin pensar en las explosiones.
Para mí, todo puede explotar.
El teléfono, la cafetera,
el timbre de la puerta, las cartas.
Siento que mi cuerpo también es una bomba
y puede explotar.
Con la sangre empiezo
y con la sangre finalizo cada día.
Cada noche me voy a mi cama arrastrándome.
Deseando no despertar.
No quiero seguir viviendo
en esta vida bomba.

NIÑO DE IRAQ
Niño de Iraq:
tú que has contado las partículas de arena
de todo el desierto,
dime:
¿cuánta sangre alimentó el caudal del Tigris
a la hora de los misiles yanquis en tu rostro angelical?,
¿cuántas manos de loza cuelgan de los cuerdas del día
como evidencia de la torpeza de Bush?
Niño de Iraq:
en tus ojos el Tigris se ha coagulado
con bombardeos de cazas de la muerte;
han perdido los pájaros su norte;
la tristeza es un pez congelado
y las palmeras gimen en la lobreguez de Al Fardos.
Niño de Iraq:
qué piensas de los royal marines que navegan en estiércol,
de los que desinforman con sus trompas satánicas,
de los entontecidos por la codicia de petróleo,
de los enloquecidos por acrecentar su imperio,
de los terroristas de la casa blanca con humo corrupto,
de los fabricantes de veneno en Washington,
de los empresarios de la guerra electrónica.
Niño de Iraq:
¿cuál es tu estrategia para hacer de tu tierra
un extenso pan sin serpientes ni cuervos?
¿Cuál es tu táctica para que el Eufrates
reivindique su sueño de lagarto,
y el Diyala amanezca vestido de terciopelo?
Niño de Iraq:
Ahmed, Rehab, Abdel…
Todos los niños del mundo
(incluso los hijos de soldados que taladran tu corazón)
están contigo.
Por tu cráneo esparcido en Basora,
por tus pupilas calcinadas en Nayat,
por tus pulmones explotados en Nasiriya,
por tu voz rebanada en Samawah,
por tus tímpanos estallados en Karbala,
por tus brazos mutilados en Kirkuk,
por tu sombra asediada en Mosul:
¡álzate!
No hay tregua.
Echa a volar tu bata por los cuatro costados de la tierra,
con el hilo centellante de tu mirada
y la manzana líquida de tu sonrisa.
Niño de Iraq:
toma mi solidaria mano
y mi sangre
y mis huesos
y la pulcra espada de mi palabra
para expulsar de raíz al intruso.
César Cando Mendoza,
Quito, mayo de 2003